Sócrates: el hombre más sabio decía no saber nada

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La historia en breve

Sócrates fue un filósofo ateniense que nunca escribió un libro. Pasó la vida en la plaza y en las calles de Atenas haciendo preguntas a quien se dejara: qué es la justicia, qué es el valor, qué es saber de verdad. Sirvió como soldado de infantería en varias campañas. Fue blanco de burlas en el teatro de su tiempo y acabó juzgado por impiedad y por corromper a los jóvenes. Con unos setenta años fue condenado a muerte en el año 399 a. C. y murió bebiendo veneno, probablemente cicuta. Lo que sabemos de él lo escribieron sobre todo dos discípulos: Platón y Jenofonte.

El momento decisivo

Todo empieza con una pregunta ajena. Querefonte, amigo de Sócrates desde la juventud, va a Delfos, el santuario más importante de Grecia, y pregunta a la Pitia si hay alguien más sabio que su amigo. La respuesta es que no.

Lo interesante es la reacción de Sócrates, tal como la cuenta en la Apología. No presume ni lo niega con modestia fingida. Se queda perplejo: él no se considera sabio, pero un dios no miente. Así que hace lo que haría un investigador: intenta refutar el oráculo. Busca a alguien más sabio que él para demostrar que la respuesta estaba equivocada.

Recorre la ciudad: políticos, poetas, artesanos. Y lo que encuentra no es que todos sean tontos, sino algo más fino: cada uno cree saber más de lo que sabe. El político cree entender lo que no entiende; el poeta escribe cosas hermosas sin saber explicarlas; el artesano, que sí domina su oficio, se cree autorizado a opinar de todo.

La conclusión de Sócrates es la que ha llegado hasta nosotros. Su única ventaja es no engañarse: «yo ni sé ni creo saber». De ahí sale, mucho después, la fórmula popular «solo sé que no sé nada», que no aparece tal cual en Platón pero resume bien la idea.

Conviene recordar una cosa: lo que dijo el propio Sócrates lo conocemos solo a través de Platón, que escribió su versión con su propio estilo. Por eso los especialistas distinguen entre el Sócrates histórico y el personaje de los diálogos. Lo que no está en discusión es el núcleo: el oráculo, la búsqueda, los enemigos y la condena.

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El mundo en que vivió

Atenas, siglo V a. C.: la ciudad más poderosa y brillante de Grecia, con una democracia directa en la que los ciudadanos varones votaban las leyes en la asamblea y formaban jurados de cientos de personas. Fue el siglo del Partenón, de las tragedias de Sófocles y Eurípides y de las comedias de Aristófanes. También fue el siglo de una guerra larguísima contra Esparta (la guerra del Peloponeso, 431-404 a. C.), que Atenas perdió. Tras la derrota, la ciudad vivió un golpe oligárquico, una guerra civil y la vuelta de la democracia. En esa Atenas herida y desconfiada, un hombre que se pasaba el día poniendo en evidencia a los que mandaban resultaba incómodo.

Verificado: historia y leyenda

«Solo sé que no sé nada». La frase no está literalmente en las obras de Platón. Es una síntesis tradicional de lo que Sócrates dice en la Apología («ni sé ni creo saber»). Se puede usar como resumen, pero no como cita textual.

«El hombre más sabio del mundo». El oráculo no dijo exactamente eso. Respondió a una pregunta concreta: que nadie era más sabio que Sócrates. Y Sócrates no respondió «es imposible»: dudó, investigó y acabó dando su propia interpretación.

El Sócrates real y el de Platón. Como no escribió nada, lo que sabemos depende de testigos con intereses: Platón y Jenofonte lo admiraban y Aristófanes se burlaba de él. Separar al hombre del personaje es uno de los problemas clásicos de la historia de la filosofía.

La cicuta. Las fuentes antiguas describen un veneno; la identificación con la cicuta es la más aceptada, y Britannica la presenta como probable.

Los «expertos». En el relato de Platón los artesanos sí sabían su oficio. El error que Sócrates les atribuye no es la ignorancia, sino creer que saber una cosa les daba autoridad en todas.

¿Sabías que…?

  • Pidió un «premio» en lugar de un castigo. Cuando le tocó proponer su propia pena, dijo con ironía que lo justo sería que la ciudad lo mantuviera en el Pritaneo, el honor reservado a los campeones olímpicos, porque el campeón solo da apariencia de felicidad y él daba la realidad (Platón, Apología 36d-e).
  • Se comparó con un tábano. Dijo que el dios lo había puesto sobre la ciudad como un tábano sobre un caballo grande y perezoso, para despertarlo (Platón, Apología 30e).
  • Fue juzgado con más de setenta años y dijo que era la primera vez que comparecía ante un tribunal (Platón, Apología 17d).

Fuentes

Primarias: Platón, Apología de Sócrates (pasajes 17d, 21a-23b, 26b, 28e, 30e, 36a-e, 38a). Traducción inglesa de Benjamin Jowett en el Proyecto Gutenberg: https://www.gutenberg.org/files/1656/1656-h/1656-h.htm Secundarias: Encyclopaedia Britannica, «Socrates»: https://www.britannica.com/biography/Socrates Imágenes: las del vídeo son recreaciones generadas para ilustrar la historia.

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