Demóstenes: el truco del hombre que venció su propia pereza

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La historia en breve
Demóstenes fue un político ateniense considerado el mayor orador de la Grecia antigua. De niño era débil y enfermizo, se quedó huérfano de padre a los siete años y sus tutores le robaron buena parte de la herencia. Sus primeros discursos en la asamblea fueron un fracaso: la gente se reía de su voz y de su forma de hablar. Se entrenó durante años, con métodos durísimos, hasta convertirse en la gran voz de Atenas contra Filipo de Macedonia y su hijo Alejandro. Murió en el año 322 a. C., envenenado por su propia mano para no caer en manos de los macedonios.
El momento decisivo
El momento clave no es un discurso brillante, sino un fracaso. Un joven que ha ganado un pleito contra sus tutores se atreve a hablar en la asamblea, ante miles de ciudadanos, y la gente se ríe: se queda sin aire, no se le entiende, alarga las frases. Plutarco lo describe deambulando abatido por el puerto del Pireo.
Lo que hace a continuación es lo que lo convierte en Demóstenes. No espera a tener ganas ni a sentirse preparado. Primero acepta un consejo (el del actor Sátiro, que le demuestra que la forma de decir importa tanto como el contenido). Después se fabrica unas condiciones que no le dejan escapar: un estudio bajo tierra y media cabeza rapada. Con ese aspecto no podía presentarse en público, así que no le quedaba más remedio que seguir ensayando. Y trabaja cada defecto con un ejercicio concreto: guijarros para pronunciar, cuestas para el aliento, espejo para los gestos.
Lo que dijo el propio Demóstenes sobre estos ejercicios lo conocemos de segunda mano: Plutarco, que escribió unos cuatro siglos después, lo toma de Demetrio de Falero, político y escritor ateniense que aseguraba habérselo oído contar a Demóstenes ya anciano. No es un documento, pero tampoco es una leyenda sin origen: es el testimonio de alguien que lo conoció.
Para ir más allá del vídeo
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El mundo en que vivió
En el siglo IV a. C., Atenas ya no era la potencia del siglo anterior, pero seguía siendo una democracia en la que todo se decidía hablando: en la asamblea, cualquier ciudadano podía tomar la palabra y convencer a miles de personas; en los tribunales, cada uno defendía su causa en persona. Saber hablar en público era poder. Mientras tanto, en el norte, el reino de Macedonia crecía con Filipo II, que iba sometiendo una ciudad griega tras otra. La vida de Demóstenes estuvo marcada por ese choque: la palabra de una democracia contra el ejército de un rey.
Verificado: historia y leyenda
¿Tartamudo? Plutarco habla de voz débil, pronunciación confusa y falta de aliento; la traducción inglesa clásica de la Loeb habla de «ceceo» y Britannica de pronunciación «inarticulada y tartamudeante». Que fuera tartamudo en sentido médico no se puede afirmar; que hablaba mal al principio, sí.
Las anécdotas del entrenamiento. El estudio subterráneo y la media cabeza rapada los cuenta Plutarco sin citar fuente; los guijarros, la carrera y el espejo los atribuye a Demetrio de Falero, que decía haberlos oído del propio Demóstenes. Son tradiciones antiguas bien asentadas, no hechos comprobables hoy.
Declamar ante el mar. Se suele decir que practicaba su voz contra el ruido de las olas. Esa escena no aparece en la Vida de Demóstenes de Plutarco; esta ficha no la da por buena.
La huida de Queronea. Procede de Plutarco y de los ataques de sus enemigos políticos. Britannica la recoge con un «según Plutarco».
Su muerte. Plutarco recoge varias versiones sobre cómo tomó el veneno; en lo esencial coinciden: murió por su propia mano en el templo de Calauria para no ser entregado a los macedonios.
¿Sabías que…?
- Sus discursos «olían a mecha». Un rival, Piteas, se burló de él diciendo que sus argumentos olían a mecha de lámpara, porque los preparaba de noche. Demóstenes le contestó que sus lámparas no presenciaban las mismas cosas (Plutarco, Demóstenes 8.4).
- No hablaba sin prepararse. Plutarco dice que rara vez improvisaba y que no subía a la tribuna si no había estudiado el asunto (Plutarco, Demóstenes 8).
- Quizá eligió maestro por falta de dinero. Isócrates era el profesor de oratoria más famoso, pero cobraba diez minas; Plutarco dice que Demóstenes, huérfano y sin recursos, quizá por eso estudió con Iseo, aunque también pudo preferir su estilo (Plutarco, Demóstenes 5.6).
Fuentes
Primarias: Plutarco, Vida de Demóstenes (Vidas paralelas), caps. 4-8, 11, 20 y 29-30. Traducción inglesa de B. Perrin (Loeb Classical Library, 1919) en LacusCurtius: https://penelope.uchicago.edu/Thayer/E/Roman/Texts/Plutarch/Lives/Demosthenes.html Secundarias: Encyclopaedia Britannica, «Demosthenes, Athenian statesman and orator»: https://www.britannica.com/biography/Demosthenes-Greek-statesman-and-orator Imágenes:* las del vídeo son recreaciones generadas para ilustrar la historia.



