Ignacio de Loyola: se dejó serrar un hueso para caber en unas botas

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La historia en breve
Pidió que le serraran un hueso de la pierna. Sin anestesia. ¿Para qué? Para poder ponerse unas botas.
Se llamaba Ignacio de Loyola, y antes de ser el hombre que hoy conocemos, vivía para gustar: cortesano, presumido, pendenciero, con un proceso judicial a los veinticuatro años por una pelea de Carnaval. En Pamplona, en mayo de 1521, una bala de cañón le rompió una pierna. Los huesos soldaron mal, se los volvieron a romper, y quedó un hueso saliente bajo la rodilla que no le dejaba calzar la bota ajustada que estaba de moda. Él exigió que se lo serraran y que le estiraran la pierna con pesas, semanas, al borde de la muerte. Cojeó el resto de su vida.
Y entonces, meses en una cama, sin novelas de caballerías, con dos libros de santos y mucho aburrimiento, empezó a mirarse por primera vez. Fantaseaba con hazañas y con conquistar a una dama, y al terminar se sentía vacío; fantaseaba con otra vida, de servicio, y la alegría le duraba. Ese hombre se levantó de la cama distinto. ¿Milagro? ¿O descubrió que el sentido de su vida era servir? Lo que él cuenta es que, por primera vez, había mirado qué le dejaba cada deseo cuando se apagaba. Vivir para gustar es una cárcel con espejo. Lo que haces para que te vean nunca te llena.
Para ir más allá del vídeo
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Verificado: mito y realidad
- Íñigo López de Loyola (1491-1556) —adoptó el nombre Ignacio años después, en París— fue herido en la defensa del castillo de Pamplona el 20 de mayo de 1521 por una bala de cañón que le rompió la pierna derecha. No era capitán ni militar de carrera: era un gentilhombre cortesano al servicio del virrey de Navarra.
- Lo de la pierna lo cuenta él mismo en su Autobiografía, dictada en Roma entre 1553 y 1555: los huesos soldaron mal, se los volvieron a romper, y como le quedó un hueso saliente que le impedía calzar la bota, pidió que se lo serraran y que le estiraran la pierna con pesas; quedó cojo. También cuenta que pidió libros de caballerías, que no los había, y que observando qué le dejaba cada pensamiento descubrió lo que después llamaría discernimiento.
- Matices honestos: el proceso judicial de 1515 en Azpeitia está documentado en las actas conservadas en el Archivo Diocesano de San Sebastián. Que los libros se los diera su cuñada Magdalena de Araoz es tradición; la Autobiografía solo dice «le dieron». No escribió los Ejercicios Espirituales en la cama: los redactó después, en Manresa.
Fuentes
Ignacio de Loyola, Autobiografía (Relato del Peregrino), dictada a Luis Gonçalves da Câmara (1553-1555), en Monumenta Historica Societatis Iesu; Actas del proceso de Azpeitia (1515), Archivo Diocesano de San Sebastián; Cándido de Dalmases, El Padre Maestro Ignacio (1979); Wikipedia: https://es.wikipedia.org/wiki/Ignacio_de_Loyola


